26 junio 2026

La campaña estival impulsa la demanda y transforma el consumo de pescado y marisco

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El verano marca el inicio de uno de los periodos de mayor actividad para el sector del pescado y el marisco. El incremento de la movilidad de la población, la afluencia de turistas nacionales e internacionales y el auge del consumo fuera del hogar generan un aumento de la demanda durante los meses de junio, julio y agosto, especialmente en las zonas de costa y en los principales destinos turísticos.

Este repunte de la demanda ejerce una mayor presión sobre cada uno de los eslabones de la cadena de distribución, desde productores y mayoristas hasta distribuidores, cadenas de retail y puntos de venta. Ante este escenario, resulta necesario reforzar la planificación del abastecimiento para satisfacer las necesidades de una demanda más dinámica y garantizar la disponibilidad de producto durante la temporada alta.

Sin embargo, más allá del aumento del volumen, el verano también modifica las preferencias de consumo de la demanda. Según el último informe «La pesca mes a mes» del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación sobre el consumo de productos pesqueros en los hogares españoles, algunas especies como la dorada (+19,5 %) o el rodaballo (+52,1 %) registraron un comportamiento especialmente positivo. En el segmento de mariscos, moluscos y crustáceos, destacó el crecimiento del 28,1 % de los productos cocidos.

Estos datos reflejan cómo, durante el inicio de la temporada estival, el consumidor cambia sus hábitos de compra hacia productos y formatos que facilitan el consumo. Esta evolución también se refleja en la distribución, que adapta su oferta a las necesidades del mercado.

En este contexto, determinadas categorías de producto concentran una elevada rotación en esta época del año gracias a su alta versatilidad y presencia en numerosas preparaciones propias del verano. Destacan los cefalópodos, como el calamar o la sepia; los crustáceos, especialmente las distintas variedades de gamba; y el pescado azul, como el salmón. En nuestra experiencia, este incremento se debe a la capacidad de adaptación de estas referencias a múltiples elaboraciones estivales, desde platos típicos de la cocina mediterránea, como arroces o fideuás, hasta propuestas de tapeo.

Asimismo, hemos observado que los productos con valor añadido y mayor grado de elaboración cobran relevancia durante esta temporada. De este modo, los formatos porcionados, fileteados, elaborados o listos para cocinar cumplen con la creciente necesidad de optimizar los tiempos de preparación en cocina, mejorar la eficiencia operativa y reducir las mermas en un periodo en el que el desperdicio alimentario tiende a incrementarse.

En definitiva, el verano supone, al mismo tiempo, una oportunidad comercial y un desafío en la gestión del producto. Por ello, anticipar las compras y elegir los formatos más adecuados resulta clave para responder a las necesidades del mercado, asegurar la continuidad del suministro y ofrecer un servicio ágil y eficiente a los clientes durante los meses de mayor actividad.