25 junio 2026

Menos desperdicio, más eficiencia: el desafío de verano que pone a prueba a toda la cadena alimentaria

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Reducir el desperdicio alimentario se ha convertido en uno de los grandes retos de la cadena alimentaria. Según el último Índice de Desperdicio de Alimentos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) de 2024, se desperdiciaron 1.050 millones de toneladas de alimentos en 2022 y el 60% procede de los hogares.

En España, sin embargo, la situación se ha revertido notablemente y los datos reflejan una tendencia decreciente desde 2020, año en el que aumentó el desperdicio dentro del hogar a causa de la pandemia. De acuerdo con el último informe de 2024 emitido por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el desperdicio se situó en 1.125 millones de kilos o litros, lo que supone una reducción acumulada de cerca del 20 % respecto a los niveles en pandemia, y un 4,4% menos respecto a 2023. Fuera del hogar, el desperdicio se redujo a mínimos históricos, un 9% menos que el año anterior, suponiendo únicamente el 2,5 % del total.

No obstante, la temporada estival sigue siendo un periodo altamente sensible. Según un análisis de Phenix basado en datos del Ministerio, el desperdicio de alimentos en verano representa un 30% más con respecto a otras épocas del año. El cambio de hábitos de compra y consumo y las altas temperaturas ejercen una mayor presión sobre la cadena logística y aceleran el deterioro de los alimentos perecederos y, en consecuencia, más susceptibles de estropearse, como los pescados y mariscos.

Estos factores obligan a extremar las medidas de conservación, planificar adecuadamente las compras y gestionar eficientemente el stock para minimizar las mermas. En este contexto, mantener un equilibrio entre referencias frescas y congeladas contribuye a garantizar la disponibilidad de estas. Los productos congelados, por su parte, cobran importancia durante la campaña estival, ya que aseguran un suministro estable y muestran una mayor capacidad de adaptación a las variaciones de la demanda. Los formatos con mayor grado de preparación también adquieren un papel especialmente relevante por su optimización del aprovechamiento del producto.

Por todo ello, reducir el desperdicio alimentario en verano mediante una correcta planificación, gestión y conservación del producto no solo supone un beneficio ambiental, sino que también favorece una cadena de distribución más eficiente y sostenible.