07 Jun 2026
El conflicto geopolítico sacude al sector pesquero
Leer másDurante los últimos años, el sector pesquero europeo ha atravesado una sucesión de crisis – la pandemia, el Brexit, la guerra en Ucrania, entre otras – que han sacudido y transformado la industria. Todas ellas formaron la “tormenta perfecta”, que desencadenó alteraciones en las cadenas de suministro e incrementos de costes, y aceleró cambios que ya comenzaban a vislumbrarse en los hábitos de consumo.
Según un reciente informe del Observatorio Europeo del Mercado de los Productos de la Pesca y de la Acuicultura (EUMOFA), el cierre de la hostelería durante la pandemia provocó una repentina caída de la demanda de pescado fresco, mientras que las ventas de pescado congelado aumentaron, siendo productos más duraderos y fáciles de almacenar. Este cambio no se revirtió después de la pandemia, sino que marcó un punto de inflexión en las formas y métodos de consumo de los productos del mar.
En este escenario cambiante, el interés por el pescado ha ido perdiendo protagonismo en la dieta cotidiana de los hogares, al tiempo que ganaba terreno en un contexto de ocio, disfrute y vacaciones. En otras palabras, su consumo se ha desplazado de las cocinas domésticas a los restaurantes. En la actualidad, es más habitual salir a comer ceviches, tiraditos y poke que acudir semanalmente a la pescadería de barrio. Pese a perder fuerza, el consumo de pescado en el ámbito doméstico no está desapareciendo por completo, sino que se está transformando y moviendo hacia una nueva normalidad: satisfacer a un consumidor que demanda simplicidad, conveniencia y rapidez.
En España, el nuevo modelo de venta de pescado de Mercadona, el gigante de supermercados del país, refleja claramente este cambio de paradigma. La cadena ha optado por sustituir de manera progresiva los mostradores de pescadería tradicionales por estanterías con filetes y lomos envasados, listos para consumir o cocinar, con el objetivo de adaptarse a las nuevas tendencias.
A pesar de los esfuerzos de las grandes cadenas, los datos sobre el consumo doméstico siguen sin invitar al optimismo. Según cifras del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de noviembre de 2025, cada español consumió de media 1,48 kg, una cifra similar a la registrada en el mismo periodo de 2024, pero que queda lejos de los más de 2 kg de media consumidos hace una década. La comparación anual resulta aún más reveladora: mientras que en 2015 el consumo per cápita total fue de casi 26 kg, en 2024 apenas alcanzó los 18 kg.
En su último informe correspondiente al periodo entre diciembre de 2024 a noviembre de 2025, el MAPA señalaba una pérdida de intensidad en las compras de productos pesqueros para el hogar. El volumen de compra cayó casi un 2%, aunque se compensó parcialmente por el aumento del precio medio. El descenso del mercado se explicaba por el retroceso de compra de pescado fresco, cuyas ventas bajaron un 5,6%, arrastrando al conjunto de la categoría. No obstante, las ventas de congelados crecieron un 1,5%, pero no lo suficiente para compensar las pérdidas del fresco.
Hay pescados que rompen la dinámica y se consolidan como una opción atractiva. Es el caso del salmón, cuya demanda sí ha aumentado en este último año (casi un 10%), según el mismo informe. Además, el Informe Alimentario de 2024 del MAPA, destaca que el salmón lidera el consumo per cápita fuera de casa, con un aumento del 30% con respecto al año anterior, alcanzando los 0,22 kilogramos por persona.
Asimismo, otras especies como el atún encajan en los formatos más demandados actualmente: ahumados, congelados, precocinados o listos para consumir; en filete, lomos, supremas o elaboraciones como sushi. Se trata de artículos que dominan las secciones de congeladas y platos preparados en la mayoría de los supermercados por su facilidad de conservación y rapidez de preparación.
En definitiva, el pescado no está despareciendo de las mesas. Lo que está cambiando es la forma en que llega a ellas.